¿Cuándo y cómo acariciar a mi gato?

Imagen procedente de Flickr/Teppo Moisio

Del gato se nos ha repetido una y otra vez que es un animal arisco, antisocial, e independiente, pero si nos detenemos un momento a observarlo interactuar con otros de su familia o de su grupo social, te puedo asegurar que ese mito se derribaría en cuestión de un breve periodo de tiempo.

El animal que convive con otros gatos, y/o con los humanos, tiene una necesidad mayor o menor (dependerá de cada individuo) de contacto físico. Pero, no nos engañemos: debe ser él el que nos diga cuándo y cómo quiere ser acariciado, porque más vale una caricia querida y por lo tanto bien recibida, que cientos dadas en un mal momento.

¿Cuándo acariciar a mi gato?

Hay gatos a los que no les gusta ser acariciado, al menos no directamente. A ellos es posible que les guste más pasar a tu lado rozando tu pierna, más que una caricia en la cabeza por ejemplo. Hay otros, sin embargo, que te mirarán entrecerrando sus ojos de manera lenta para que los cojas en brazos y pases tu mano sobre su espalda, o para que los acaricies dejándolos en el suelo pero estando muy pendiente de ellos.

En realidad, la respuesta a esta pregunta es sencilla: solo se debe de acariciar a un gato cuando esté relajado; es decir, cuando esté a puntito de dormir, cuando haya terminado de comer, o cuando estéis descansando en el sofá o en la cama. En el caso de que esté jugando, nervioso, enfadado u ocupado en algo (acicalándose, observando algo que le haya llamado la atención, etc.) será mejor no hacerlo, porque podríamos llevarnos un mordisco o una »patada» inofensivos, pero esa puede ser su manera de decirnos »ahora no quiero que me acaricies».

¿Cómo acariciar a mi gato?

Imagen procedente de Flickr/Robert Couse-Baker

Todos sabemos cómo acariciar, pero con un gato tenemos que ser más… más dulces. Hay que hacer movimientos lentos, y evitar algunas zonas. Por ejemplo, en general a este animal le gusta que le acaricien la cabeza y la espalda hasta el nacimiento de la cola, pero lo más probable es que si le tocas la cola en sí, las patas o el abdomen te demuestre que no está disfrutando.

De todos modos, repito: cada gato es un mundo. A mi gata Sasha le encanta que le acaricie el cuello, a Keisha en cambio prefiere que la toquen en el nacimiento de la cola, y a Bicho si le tocas la cabeza lo tienes ganado. Todo es ir probando. Poco a poco irás conociendo a tu gato, encontrando esas zonas donde disfruta ser acariciado, y otras donde no.

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