¿Cuáles son los sentidos del gato?

El cuerpo del gato se compone de más de 230 huesos y más de 500 músculos que le permiten hacer muchas cosas, como por ejemplo, dar saltos con una altura hasta cinco veces superior a la suya, escuchar el sonido del ratón a siete metros de distancia, o esperarte tras la puerta cuando tú nada más que acabas de salir del coche para que le des la lata que le has comprado.

Sus cinco sentidos funcionan a pleno rendimiento desde su más tierna infancia. Veamos cuáles son sus particularidades.

Vista

Para los humanos, la vista es el sentido más importante, para el gato… no tanto. El espectro de colores que él es capaz de ver es más pobre que el que vemos nosotros. De hecho, para que te hagas una idea, de día ve como alguien que haya perdido sus gafas, esto es, borroso. Además, apenas distingue colores, solo los verdes, amarillos y los azules.

En contraposición, su visión nocturna es 8 veces mejor que la nuestra. Esto se debe a que sus ojos tienen lo que se conoce como Tapetum lucidum, una especie de ‘cristalino’ que refleja la luz, consiguiendo con esto que el animal sea capaz de distinguir detalles que el humano solo puede intuir y haciendo que sus ojos brillen en la oscuridad (siempre que haya alguna fuente de luz, ya sea la luna, el flash de la cámara de fotos, una linterna, o etcétera).

Oído

El sentido del oído del gato es una obra maestra de la naturaleza. Está muy desarrollado. Sus dos orejas se sitúan justo encima de la cabeza, y él las puede girar un poco a su gusto cada vez que detecta un sonido que puede serle de interés, como el de un pájaro o un roedor.

Su sensibilidad al sonido es tal, que lo que para un humano es tener el volumen de la música bajo (uno o dos puntos en la radio por ejemplo), para él es como si estuviera bastante más alto. Por eso, no necesita que abras la puerta para saber que estás cerca de él: tus pies al pisar el suelo, el tintineo de las llaves, el ruido que haga la bolsa si llevas,… todas estas cosas te delatan.

Equilibrio

El gato es un magnífico equilibrista. Puede caminar por senderos muy estrechos sin que le tiemble una sola pata. Pero, ¿por qué? El secreto reside en el interior del oído, en concreto del interno. Ahí tiene cinco tubos abiertos llenos de líquido que están cubiertos de vellos muy sensibles al movimiento.

Por eso, cuando detectan que el animal gira de manera extraña, manda señales al cerebro para que el cuerpo gire en la posición adecuada. De este modo, cuando el gato lo necesita, primero gira la cabeza, luego la espalda y sus patas delanteras, y para acabar las traseras.

Gusto

¿Qué come el gato? Parece una respuesta sencilla, pero en los últimos tiempos han surgido muchas dudas al respecto. En realidad, basta con preguntarse qué tipo de animal es, y fijarse en qué comen los otros miembros de su familia. Dicho con otras palabras: al tratarse de un felino, y dado que los pumas, las panteras, los leones, etcétera, son también felinos y se alimentan de carne, es lógico pensar que el gato también es carnívoro.

Por necesidad, por instinto. Puede ingerir algunos cereales o hierbas, pero solo si esos alimentos han sido comidos antes por sus presas. Pero si no come carne estará condenado a muerte, porque necesita proteína animal para que su cuerpo funcione, y un nutriente llamado taurina para tener unos ojos sanos.

Olfato

El gato tiene un sentido del olfato, también, más sensible que el nuestro. De hecho, es 14 veces superior al que tenemos cualquiera de nosotros. Esto es debido a que cuenta con 20 millones de células receptoras en la nariz, mientras que las personas contamos solo con 5 millones. Pero además, su órgano nasal es más grande que el nuestro.

Por si esto fuera poco, en la parte superior del paladar tiene un órgano conocido como vomeronasal o el órgano de Jacobson, que le sirve para ‘saborear’ los olores. Es por esto por lo que abre la boca de una manera un tanto peculiar cuando detecta un aroma del que quiere saber, por ejemplo, quién es su propietario y cómo se encuentra.

Tacto

Para el animal, el tacto es indispensable para que pueda llevar una vida normal. Desde su nacimiento, los receptores táctiles de los que cuenta su piel, cumplen con una función vital: mandar las señales adecuadas para que el gato pueda reaccionar, en caso de que sea necesario, y mantenerse de este modo a salvo, ya sea del frío o del calor, o de la lluvia si es que le disgusta.

Y, ¿cómo lo consigue? Gracias a sus almohadillas y a sus bigotes, principalmente. Estas son las partes de su cuerpo que más utiliza cuando se trata de conocer (o reconocer) el entorno en el que vive. Por un lado, las almohadillas de sus patas son muy sensibles a las vibraciones, tanto que le sirven para adoptar la postura correcta al caminar o correr.

En el caso específico de los bigotes, estos son sensibles a las corrientes de aire, por lo que son útiles para detectar posibles presas; asimismo, es interesante saber que le es de utilidad para saber si puede o no pasar por un camino estrecho, puesto que la longitud que hay desde la punta de un bigote de un lado de su cara hasta la punta de su opuesto, coincide con el ancho del cuerpo del felino.

Como ves, el gato es un animal maravilloso, tanto por dentro como por fuera.

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